el blindaje continúa en el Congreso

Dramáticos octavos con final anunciado

Publicado: 2014-07-03


Un travesaño postrero y un poste en el último penal le negaron a Chile el final feliz que merecía. Los chilenos se batieron como espartanos en Las Termópilas, con Medel como estandarte. Jugó desgarrado, un imposible (como todo Pitbull, puede desconectar las terminales del dolor), y aun así pudo anular a jugadores que tenían el cuerpo intacto y 25 cm más de estatura. Brasil, que terminó reventando la pelota sin pudor ni dirección, quedó con estrés post-traumático. El impresentable Felipao, que se queja del cese de las ayudas arbitrales, se declara admirador de Pinochet, y está orgulloso de haber desterrado al pasado el jogo bonito, ha llamado de urgencia al equipo de psicólogos: sus jugadores -salvo Neymar y David Luiz- no resisten la presión. O Brasil mejora mucho o no levantará la copa en su casa, por segunda vez.

La ordenada y dinámica Colombia de Pekerman (tres veces campeón mundial sub20 con Argentina) no tuvo que sufrir para despachar a los desorientados orientales. A Uruguay, sin la contundencia del feroz Suárez, se le nota mucho la pobreza, que sólo es virtud en su presidente. Hay dos inconvenientes de que siga avanzando en el mundial esta prometedora Colombia, que tiene convicción y mucho juego. El primero es que no abandona la tradición de no poder celebrar sin muertos en las calles, el segundo es tener que padecer sus bailecitos ridículos tras los goles.

México, que entró al mundial por la ventana, se encontró de pronto ganando en octavos con un latigazo impensado de Dos Santos, pero a su histérico entrenador le pareció inaceptable. No podemos traicionar nuestra historia, tenemos que perder -se dijo; y con 30 minutos por jugar renunció a tener la pelota. La versátil Holanda acudió a la mesa servida (y sin picante) y el instructor de clavados en piscina Robben fue protagonista: gracias a un penal que no fue, que compensó otro que sí fue, México se fue.

En una cerrada contienda por definir quién era el más limitado, Costa Rica ganó a Grecia por penales gracias a Keylor Navas, un arquero con nombre de actriz porno y agilidad de leopardo. Tiene un delantero, Campbell, que si se inspira es imparable; el problema es que no se inspira. Su técnico, Pinto, es estudioso y trabajador, y ayuda a contrarrestar la característica humildad de su equipo con sus pintorescas declaraciones (se dice inventor de un nuevo esquema de juego, del psicólogo en el fútbol, y si le dan micrófono se declara inventor del reactor nuclear).

Nigeria, que juega asustada porque las bestias de Boko Haram ponen bombas en los locales donde se ven los partidos, asustó por un rato a Francia. Pero terminó, como buen equipo africano en segunda fase, borrándose sola víctima de errores infantiles (y víctima de una patada criminal con doble fractura que el árbitro gringo no consideró ameritaba roja para un francés). Francia no brilla pero es eficaz adelante y segura atrás. Su técnico, Deschamps, levantó la Copa en el 98, así que ya sabe lo que es un milagro. El problema es que en cuartos le toca Alemania y, como dijo Gary Lineker, “el fútbol es un deporte de 11 contra 11 en el que al final siempre gana Alemania”.

La voluntariosa Argelia estuvo cerca de dar el batacazo frente a Alemania mientras tuvo energías, las que se le acabaron pronto porque varios jugadores, musulmanes observantes, están ayunando por el Ramadán (esto me da una razón más para abominar de la religión, cualquiera que sea). Alemania mete goles y mete miedo, porque tiene la misma programación mental de siempre (adelante, adelante, no está permitido el cansancio), pero añade sutilezas tácticas y técnicas. Además tiene un plantel muy amplio, donde destacan jugadores originarios de Polonia, Albania, Turquía y Ghana.

Bélgica ganó a EEUU con un juego generoso y ofensivo que se estrelló 998 veces con el arquerazo Tim Howard, que brilla en la Premier League y que -como buen yanqui belicista- incluye diseños de comando en su uniforme. Los gringos corrieron mucho pero jugaron poco, al parecer jugarían más cómodos si no hubiera pelota. Definió el partido la entrada del veloz y potente Lukaku, hijo de congoleño. Sigue explicando el Congo la prosperidad belga, como cuando el rey Leopoldo II se enriqueció a punta de saqueo y genocidio en el corazón de África.

La Argentina de Messi, que ya no es Messi porque -sin la mirada obsesiva de Guardiola- ya no se entrena ni se alimenta como antes, ganó con mucho susto a la fastidiosa Suiza, que si tuviera delanteros de verdad habría clasificado. Alcanzó para salvar a Argentina un chispazo in extremis de Messi y la enésima corrida de Di Maria, que debe tener una hemoglobina mutante porque corre al minuto 120 como si recién comenzara todo (hasta en La Paz corrió todo el partido). Argentina no tiene dinámica, suplentes, ni técnico, y depende del 10, al que sólo le falta ganar el mundial para añadir su nombre al de Pelé y Maradona en la lista de habitantes del Parnaso del fútbol. Se ve difícil, pero no hay que descartar la gloria argentina, porque si a Messi le da la gana de volver a ser Messi, y entonces Maradona, puede ganar el mundial solo.


Escrito por

Ernesto Gianoli Molla

Me gano el pan como científico. Escribo en el tiempo libre que no tengo. Peruano en Chile, pero siempre mirando (y volviendo) al Perú.


Publicado en